);

Mujeres de diferentes puntos del país se movilizaron para reivindicar la lucha por el trabajo, la vida digna y el #NiUnaMenos.

Con las mujeres indígenas al frente para interpelar a la sociedad y al Estado, la multitudinaria marcha del 8M2020 se hizo sentir ayer en las calles de Asunción para decir basta a las múltiples violencias e injusticias contra las mujeres del Paraguay, además de insistir en que el trabajo de todas vale.

Con cada paso y al son de las sonajas que trabajadoras, campesinas, estudiantes, domésticas y niñas llevaban en los tobillos, las mujeres hicieron ruido para llamar a la protección contra los malos espíritus como lo hacían –y siguen haciendo– los pueblos originarios en sus danzas y rituales.

Los cascabeles sonaron para que sus pasos fuertes alejen el odio, la violencia y la discriminación, los males que las están matando y que denunciaron en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

La cuarta edición de la Marcha del 8M se centró en reivindicar la lucha por el trabajo y la vida digna de las mujeres, además de recordar a Francisca, Gumercinda, Carolina, María Dolores y todas las mujeres asesinadas. Las manifestantes partieron de la Plaza de la Democracia a los gritos de: “¡che rete, che mba’e!” hasta la Costanera donde leyeron el manifiesto del 8M2020.

Cony Oviedo, vocera de la Articulación Feminista del Paraguay, explicó que el objetivo de esta marcha es visibilizar que el trabajo de las mujeres vale, que existen desigualdades laborales. “Queremos colocar esto en la agenda del Estado, que se haga cargo de cumplir las leyes existentes”.

En el manifiesto se exige que el Gobierno, a través de sus instituciones, impulse la educación de calidad para todas, sin ninguna forma de discriminación o exclusión. Reclaman oportunidades justas y reales de formación y trabajo, acceso a programas sociales y servicios básicos de salud. “Que nuestros derechos se traduzcan en planes de acción concretos en las próximas elecciones de intendencias y concejalías”, rezan en el documento.

Las mujeres piden el respeto de los derechos laborales, la erradicación de la precarización, tercerización y privatización de servicios del Estado; el fin del trabajo informal, la restitución del reposo de maternidad con salario y el respeto a la lactancia; establecimiento de guarderías, permisos para exámenes médicos y el fin de la explotación laboral, sobre todo de niñas y adolescentes.

También el respeto a todas las mujeres sindicalizadas que son perseguidas; el reconocimiento del trabajo y la sindicalización de las trabajadoras sexuales, y el cumplimiento de las leyes laborales para trabajadoras domésticas remuneradas. “Queremos sindicatos que defiendan de verdad nuestros derechos y más mujeres como dirigentes”, continúa el texto.

Estas mismas reivindicaciones se hicieron en concentraciones en Ciudad del Este y Encarnación.

Según datos de la articulación, Paraguay es calificado como uno de los peores países para ser en mujer en Latinoamérica. Los hombres dedican solo 7 horas semanales a trabajos de cuidado mientras las mujeres dedican 12 horas.

Las mujeres trabajan 18 horas en la semana en tareas domésticas mientras los hombres 5. De cada 10 mujeres, 7 trabajan de manera informal y precarizada. Solo el 35% de cargos directivos para toma de decisiones están ocupados por mujeres.